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Mirando atrás en mi vida, puedo decir sin duda alguna que cada etapa ha sido un verdadero regalo; tengo gratos recuerdos de mi niñez y mi adolescencia. Por otra parte, veo a mis padres, a mis tíos y otros allegados que están en sus años dorados, y veo en sus ojos que se respira tranquilidad, paz, calma… reflejo de sabiduría. Claro está que en ese camino, es común pensar por momentos que somos personas incomprendidas. Sin embargo, creo que hay tres etapas en donde pareciera que lo notamos más, y son precisamente la niñez, la adolescencia y la tercera edad. Me atrevo a decir que el hecho de que, por momentos se evidencia que nuestro sistema social está consolidado para una población global–desconociendo las particularidades de la edad–fortalece esta creencia de la incomprensión.

Sea externo o interno, ponemos la “limitación” ahí, para recordarnos la falta de experiencia o el paso del tiempo, pero también está en nosotros difuminarla hasta hacerla inexistente. Por otra parte, la sociedad debe recordar que somos distintos y que el mundo hay que hacerlo vivible para todos.

En el taller de Yoga para Niños, Adolescentes y Adultos Mayores, el profesor Alberto Coca nos dejó una muestra maravillosa del potencial que tenemos y debemos cultivar, mostrándonos lo que Adair expresa acerca del cultivo del pensamiento creativo: “Como hombres, no podemos hacer algo de la nada… La creación está más en la mente. La percepción, las ideas y los sentimientos están combinados en un concepto de visión… Tu tarea como pensador creativo es combinar las ideas o elementos que ya existen. Si el resultado es una improbable pero valiosa combinación de ideas o cosas que hasta ahora no estaban pensadas para ser ligadas, entonces vas a ser visto como un pensador creativo.” (Adair, 2009: 7)

Siendo el yoga TODO, es vital que—como practicantes—reconozcamos estas “particularidades” como oportunidades y no como obstáculos, o como diría  Sun Tzu “Protegernos a nosotros mismos contra la derrota en nuestras propias manos.” De otro lado, como profesores en formación, es pertinente recordar la diversidad de población que atendemos y guiemos la práctica enfocada a ello. Y aquí es mucho más palpable el hecho de que no existe una verdad absoluta, que como en la filosofía budista, existen muchos caminos para llegar al Dharma (aprendizaje para alcanzar la iluminación y evitar el sufrimiento). Es la ocasión de hacer uso de nuestra condición de seres humanos, pensantes, pero sobre todo CREATIVOS.

Cabe entonces la pregunta: ¿Qué es lo que hay? Bueno, yo diría que hay experiencia, vivencias y recuerdos, y por ahí empezamos. Y luego vendría otra pregunta: ¿Cómo nos hubiéramos sentido comprendidos en estas etapas? Llegaríamos a terrenos de la pedagogía, como son los que propone Yoga Yoghismo: Constructivismo, Aprendizaje significativo y Aprendizaje Colaborativo, y sus respectivos enfoques (enseñanza para la comprensión, aprendizaje por descubrimiento, entre otros). Y tenemos frente a nuestros ojos una de las diferencias entre un instructor de yoga y un PROFESOR de yoga. Tomando lo que acota Díaz-Barriga y Hernández Rojas (2007), un profesor constructivista es un puente entre el conocimiento y el aprendizaje de sus alumnos, compartiendo experiencias y saberes en procesos de co-construcción de conocimiento. Esto lo he vivido cada día de mi vida como docente en ejercicio, pero sobre todo, en cada práctica de yoga que guío, especialmente con la hermosa población de la tercera edad. Quienes se acercan a mí con la necesidad e inquietud de yoga creen que son los únicos que han aprendido y que salen renovados, pero no es así. En mi mente queda mucho aprendizaje, en mi corazón satisfacción y en mi Ser mucha tarea por hacer… Creo que por esto hasta el día de hoy disfruto aprender y quizás por esta razón me convertí en docente de idiomas hace varios años.

Es casi incalculable lo que agradezco al profesor Alberto Coca con este taller; me divertí, reí como mucho tiempo no lo hacía, reflexioné frente a mi futuro como docente y profesional en general, pero como profesora de yoga en particular, en el modelo que soy y debo ser para quienes lleguen a una práctica que guíe, afianzó mis inquietudes frente a las distintas formas para llegar a la consciencia… Son muchas cosas, y poco espacio y palabras para expresarlas. No obstante, lo que más agradezco de su paso por Bionova, es que en mi opinión, el profesor Coca fundamentó cada momento del taller despertando la memoria emocional que envuelve las distintas etapas de la vida, y que permite que nuestros pensamientos y convicciones cambien, que des-aprendamos, siendo claros que no se trata de “adoctrinar” sino de presentar estrategias para conducir el autoconocimiento frente al mundo que nos rodea, para así ser personas generadoras de alternativas al cambio del mundo. Desde el punto de vista de la pedagogía, idealmente, este sería el objetivo de la educación también.

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REFERENCIAS

ADAIR, J. (2009). The Art of Creative Thinking: How to be innovative and develop great ideas. London: KOGAN PAGE.

ADYASHANTI (2011). El fin del Sufrimiento. La esencia de la espiritualidad, nuestra naturaleza real y el retorno a la gracia. Madrid: GAIA EDICIONES.

DÍAZ-BARRIGA F. y HERNÁNDEZ, G. (2007). Estrategias docentes para un Aprendizaje Significativo. Una interpretación constructivista. México: MCGRAW-HILL.

FIGUEROA, M. (n.d.) Una Clase de Yoga para Niños y Niñas. México: SOLAR FUNDACIÓN CULTURAL – ASOCIACIÓN INTERNACIONAL DE YOGA YOGHISMO.

MICHALKO, M. (2006). Thinkertoys. A handbook of creative-thinking techniques. Toronto: TEN SPEED PRESS.

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