chim chim cheree...

La esperanza es un distractor más de la mente humana, acostumbrada a esquivar el presente.

Adiestrados a ver un mundo exterior que en apariencia ocurre fuera de nuestra voluntad, en el que discurren situaciones, muchas de ellas desagradables y en las que personajes desagradables nos hacen la vida imposible, no nos queda otra alternativa que luchar contra esas situaciones y enemigos, con la esperanza de que las cosas mejoren, entonces elevamos una plegaria: “De nuestros enemigos líbranos Señor”

“La belleza está en los ojos de quien la aprecia”
También la fealdad, lo que nos duele y lo que nos da placer, los amigos y los enemigos…

Una escena tiene diferentes significados para diferentes testigos, todo es cuestión de una simple valoración, que ocurre en la mente de cada uno y que está sujeta al cúmulo de vivencias anteriores y cómo éstas se han ido fijando en el inconsciente, creando la base de valores y creencias, para de esta manera filtrar toda experiencia del mundo exterior y luego juzgarla como buena o mala, agradable o desagradable, justa o injusta…

Entonces, antes de que aparecieran en nuestra mente los enemigos, los juicios y las creencias, hubo pensamientos, que han sido ordenados como códigos morales, reglas familiares y sociales, mandamientos religiosos, institucionales gubernamentales, educacionales, policiales… y aún siguen otros, últimamente con más poder, como los mandamientos comerciales que te dicen qué consumir, qué vestir y dónde comprar, los mandamientos económicos, que te dictan el modelo a seguir: Exprime a tu prójimo sin escrúpulos, acapara todo lo que puedas y luego defiéndete de tus enemigos!!

Todo depende de tus pensamientos habituales y de cuán consciente eres de ellos, hasta dónde eres producto y conveniencia ajena y hasta dónde eres dueño de ti mismo, porque tienes la libertad de elegir tu propia tabla de valores, es decir elegir tus pensamientos. Entonces no digas de manera inconsciente “líbrame de mis enemigos” Yérguete como un ser libre, elige tus pensamientos, tus sentimientos y el mundo exterior los reflejará fielmente.

La transformación que todos buscamos se da sólo en la causa y no en los efectos, la mayoría de las personas luchan a diario con los efectos de sus pensamientos, una lucha perdida de antemano. El ser creador actúa desde la fuente y no en los resultados, los cuales ya tienen un destino que está ligado a la fuente (pensamiento) que los creó.

¿Quieres salud, belleza, juventud…? Si la buscas en los medicamentos, los cosméticos y las cirugías, nunca la vas a encontrar pues a través de estos falsos remedios intentas aplacar los efectos de una mente que sigue pensando y aceptando la enfermedad y la decrepitud.

Primero, es necesario el cambio interno, no busques tu transformación en otra parte, en tu pensamiento está la causa y ahí está el cambio, si piensas y sientes con certeza que ya eres saludable y joven, probablemente y sin ningún esfuerzo tu vida dé un giro y te encuentres con nuevas maneras de alimentarte y dedicando tiempo para hacer ejercicio, has cambiado la imagen de ti mismo, la juventud y la belleza ya están cimentadas en tu pensamiento, lo demás es añadidura, son los efectos de una manera diferente de asumir tu experiencia, libre para crear, para cambiar y transformar.

Asume una disciplina que te permita observar con consciencia tus reacciones, impulsos, culpas, miedos, esperanzas… Medita con disciplina, comienza de manera simple, elige un lugar y una hora, hazlo diariamente, sólo siéntate con la columna erguida, descansa y relájate, siente tu respiración, concentra tu energía mental en ese acto maravilloso, hazlo consciente, permanece algunos minutos y observa cómo tú eres el que está en el centro, el que observa de manera justa y sin tensiones el mundo a veces desquiciado de tu mente, en este momento puedes tener el control de ella y llevarla a un estado de paz, donde el pensar es plenamente consciente. Este es un comienzo, un paso que te llevará por el camino de la consciencia, de la experiencia del presente y que te sacará de la esperanza en el futuro para ponerte en el mundo del ahora. Aquí está tu libertad.